Los esenciales

En estos meses de pandemia, muchos colores se ven en las calles. Además de las mascarillas multicolores, vemos motos y bicicletas con llamativas cajas de colores algunas de rojo, verdes, otras naranjas, inclusive negras y amarillas, todas ellas transitando de un lado a otro en la ciudad.

Yendo y viniendo de un lado a otro suenan los ruidos del motor mosquito, o del cansado ciclista. Se les escucha al pasar por las avenidas principales de las ciudades. Pero esas mochilas no van solas…. son cargadas por miles de trabajadores invisibilizados y precarizados

Se agrupan cerca de locales de comida rápida, a las afuera de los diferentes mall que inundan la ciudad. En algunas estaciones de servicio, strip center, farmacias, o en cualquier lugar donde haya un producto al cual un cliente no puede ir, sea por tiempo, por gusto o por confinamiento

Ellos y ellas, quienes están en la espera de recibir una notificación en el teléfono…. son los esenciales.

Corren todo el día. Con comida rápida de un McDonals, de un KFC o del servicentro. Pero no solo la hamburguesa, la pizza o el sushi van en sus mochilas. Si el cliente así lo pidió, llevan mercadería, frutas, alcohol, cigarros y lo que se requiera. También de un supermercado, con un carro lleno en caminó al estacionamiento para que quien lo quiera ir a retirar al subsuelo del local, o al motorista o ciclista que acomoda los kilos de peso entre bolsas de papel y la mochila para llevar a destino cada uno de lo solicitado por una app.

Ellos y ellas son los y las trabajadorxs de aplicación, los deliverys, shoper, rapitenderos, riders, y otros anglicanismos adaptados al español. Ninguno de ellos tiene reconocimiento laboral. ninguno de ellos tiene derecho a usar un baño. ¿lugar para comer? pfff. Tampoco tienen espacios donde descansar más que al lado de sus vehículos de trasporte, junto al pedido y la miseria recibida por partirse la espalda y la por cargarlo.

Ese deambular esperando un pedido por las calles hace que cada uno de quien reparte tenga muchas historias para compartir.

Pero sin duda, la más importante es la historia de abandono del Estado.

Esta semana, la municipalidades quieren sumarle a toda la precariedad que vivimos, la obligación de hacernos pagar por un permiso para trabajar entre los lindes del territorio que administran. ¿Hay algo más bajo que pueden hacerle a los trabajadores de aplicación?.

Como trabajadores nos quieren obligar a pagar permisos para circular por las calles, pero además pagamos impuestos… sin contar que ya la empresa nos cobró al ingresar obligándoles a comprar una mochila, una polera, un cortaviento, mascarilla solo para la posibilidad de trabajar recibiendo un pedido por parte de la aplicación.

Es de conocimiento del rubro los cientos de compañeros y compañeras con problemas económicos, que pagan para cuidar a sus hijxs mientras reparten, que pagan alquiler, pagan comida, pagan mochilas y ropa corporativa, y ahora deberán pagar patentes

Estamos abandonados, precarizados, descontentos, y en la espera que el Estado cambie esto.

Andrés Segura, repartidor de Rappi en la Ciudad de Santiago. Vocero Ni Un repartidor Menos

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